El sabinar de Mirantes de Luna - Sierros Negros

Saninar sobre Miñera de Luna

15/09/2017
Una salida vespertina a las Tierras del Luna. Un pequeño recorrido por el sabinar de Mirantes.

Me acerco hasta el lugar de Mirantes de Luna y dejo el coche junto a las instalaciones del club náutico. Detrás de las ruinas de la iglesia de Mirantes sale un pequeño camino que asciende entre sabinas hacia el collado de la pequeña sierra que separa el valle de Mirantes del valle de Miñera.

Un espacio donde las sabinas son las protagonistas. En las laderas soleadas, estos viejos árboles agarran sus raíces en estos suelos pobres, y se extienden por las dos márgenes del embalse.

La cumbrera de Sierros Negros me sirve de mirador de la zona: Peña de las Arregueras, Montes Tijera, Pico de la Cruz o Cerro Pedroso. Y entre ellos un mar de sabinas.

Desciendo por la vertiente norte hacia la valleja Miñera. Una pista me facilita el camino hacia un pequeño valle de altura con excelentes vistas hacia el embalse, que estos días presenta un estado deplorable.

La tarde ha mejorado. Las nubes que en el alto dejaban caer algunas gotas de agua, se han disipado. Ya solo resta disfrutar de la tarde.


Los Barrios de Luna junto a la presa del embalse.
Sierros Negros, la pequeña sierra que separa los valles de Mirantes y Miñera.
Pico de la Cruz con la ladera sur tapizada de sabinas.
Instalaciones del club náutico.
El camino arranca junto a las ruinas de la que fue iglesia de Mirantes de Luna.
Un antiguo camino







Las alfombras verdes corresponden a sabinas rastreras (Juniperus sabina)
Por las alturas de Sierros Negros.
Al fondo los Montes Tijera.
Sabina albar (Juniperus thurifera)



Cima de Sierros Negros.



Sabinar sobre Miñera
Los restos de Miñera de Luna


El tejo de Mirantes de Luna


 Tejo de Mirantes de Luna

Frente a las ruinas de la que fue un día la iglesia de Mirantes de Luna.

En el centro de una pronunciada curva, de la carretera que bordea el embalse de los Barrios de Luna, encontramos el cartel indicador que señala Mirantes de Luna.

No es un pueblo. Ese cartel (al igual que el Miñera de Luna, que encontraremos más adelante) nos indica el lugar, el sitio donde hace años se asentó el pueblo de Mirantes de Luna.

Hoy lo que llama nuestra atención son las instalaciones del club náutico, en el lado contrario.

Pero si aparcamos en la explanada y caminamos unos metros, nos toparemos enseguida con los restos de Mirantes.

Y en primer lugar un bonito ejemplar de tejo delante de las ruinas de la iglesia.

Un tejo que luce un verde intenso que presagia su buen estado.

Y como todas las cosas viejas, la iglesia (y con ella el tejo) sirve de rincón para ir echando todos aquellos objetos rotos y fuera de uso que no queremos. Photoshop me ayuda en este caso para eliminar de las fotos los contenedores que recogen colchones, inodoros, persianas y todas las porquerías, así como los contenedores de basura que no han encontrado mejor lugar.




El bosque de Hormas





8/09/2017
Buscamos refugio para soportar, los que a la postre sabremos serán, los últimos calores del verano. Y tomamos rumbo hacia la sierra de Hormas. Al norte de Riaño y entre las poblaciones de Barniedo de la Reina y Vegacerneja, donde un conjunto de cuetos, altos y estrechas vallejas, dan cabida a uno de los bosques mejor conservados en León: El Bosque de Hormas.

Un bosque mixto de hayas y robles, donde además podemos encontrar abedules, avellanos, serbales, mostajos o acebos.

La pista da paso a estrechos senderos, que desaparecen entre la hojarasca del bosque, y nos obliga a prestar mucha atención. 

Nuestra meta es la pradera alpina de Prado Rey. Protegida de los fríos vientos norteños por el Alto de Mura y donde cuenta la leyenda hubo una mina de oro.

De camino el sendero trascurre entre robles de colosales proporciones. Unos árboles propios del Señor de los Anillos, donde esperamos encontrarnos con Bárbol en cualquier momento.

Prado Rey es el punto final de nuestra ruta por hoy en Hormas, y un excelente mirador a las montañas de Riaño y a la inmensa mancha verde que configura a este bosque.



Valle del río Hormas.
En este verano superseco, los valles recuperan su fisonomía, pero con las huellas producto del embalse.




Refugio y praderas de Salse.























Robles de proporciones descomunales.




















Las montañas de Riaño.
Prado Rey.