Flamencos



13/09/2015
Flamenco (Phoenicopterus roseus)

La primera vez los vimos fue en Doñana. Estábamos en lo alto de una duna y los flamencos aparecían veían como una línea rosada en el horizonte.

En el Delta del Ebro caminamos por una salina, con botas de goma, para poder acercarnos y verlos. Pero ellos avanzaban más que nosotros y siempre mantenían la distancia.

En Fuente de Piedra fue el mayor chasco. Ni uno. Pasada la época de cría no queda ni uno por la zona. Y en ese periodo fue cuando aparecimos nosotros.

En Cabo de Gata pudimos verlos más cerca.

Con el boom del pajareo de los últimos años, los flamencos comenzaron a cruzarse en nuestros telescopios con frecuencia.

Estos días en Lo Pagan, los flamencos se alimentan con tranquilidad en las aguas someras de las salinas.

En alguno de los paseos mañaneros les sorprendemos muy cerca de los caminos. Al vernos, algunos alzan el vuelo, pero la gran mayoría huyen caminando. Con sus largas patas realiza un movimiento que nos recuerda el paso alternativo en esquí de fondo.

Un ave extraña, desde su pico hasta sus alargadas patas.

Y de colores sorprendentes. El rosa de sus plumas, el amarillo intenso de su iris, o el tono rosa intenso del pico de los adultos.

Después de estos días, los flamencos si han quedado gravados en nuestra memoria.

















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